Lowen Ashleigh acepta un trabajo que la lleva al hogar de Verity Crawford: debe continuar la serie de novelas que la autora dejó inconclusa tras sufrir un grave accidente. Jeremy, el marido de Verity, le encarga la tarea; ella, por su parte, necesita consultar los materiales de escritura allí reunidos. En Verity. La sombra de un engaño, un encargo profesional se convierte en la puerta de entrada a una casa donde la autora ausente sigue ocupando el centro de todo.

Entre los papeles de Verity aparece un manuscrito autobiográfico con revelaciones inquietantes. Lowen opta por no hablarle de él a Jeremy. A partir de ese momento, guardar el secreto no es una decisión aislada: sus sentimientos hacia él se intensifican y también entra en juego la posibilidad de que revelar el texto le reporte algún beneficio. El manuscrito oculto complica así tanto su trabajo como la relación que empieza a establecer con el marido de Verity.

La tensión nace del cruce entre una obra que hay que terminar y unas palabras privadas cuyo contenido puede afectar a quienes las rodean. Lowen debe decidir cuánto revelar mientras su posición deja de ser la de una simple colaboradora. Hoover plantea un suspense de secretos y decisiones, en el que el interés no se limita a lo que cuenta el manuscrito: también importa qué hará Lowen con lo que sabe.