Alicia Berenson deja de hablar después de matar a su marido. No ofrece una explicación, una defensa ni una versión de lo sucedido. En La paciente silenciosa, Alex Michaelides convierte esa ausencia de palabras en el centro de un misterio psicológico: lo que falta no es la identidad de la mujer que disparó, sino una respuesta a sus motivos.

Seis años después, el psicoterapeuta Theo Faber consigue trabajar en The Grove, la unidad de seguridad del norte de Londres donde Alicia permanece ingresada. Quiere romper su silencio y reconstruir aquella noche. La investigación se desarrolla así en un espacio clínico, a través de la relación entre una paciente que no cuenta su historia y un profesional empeñado en obtenerla.

La determinación de Theo introduce una segunda inquietud. Su búsqueda de la verdad empieza a revelar también sus propias motivaciones, de modo que escuchar y comprender dejan de ser tareas neutrales. El suspense une el pasado de Alicia con las razones de quien intenta interpretarlo, sin que conocer el punto de partida permita anticipar adónde conduce esa relación.