El verano de 1969 guarda para Javier una historia mucho más cercana que la llegada del hombre a la Luna. En Las lágrimas de Shiva, César Mallorquí sitúa a su joven protagonista en Santander, donde pasa una temporada con sus familiares. Allí encuentra una presencia extraña y un enigma que lleva décadas enfrentando a dos familias: la desaparición de un objeto conocido como las Lágrimas de Shiva.

El secreto se remonta a setenta años atrás. A su alrededor se han acumulado rencores familiares, amores prohibidos y desapariciones, hasta formar una historia que sigue afectando a quienes viven en el presente. Investigar ese pasado exige prestar atención a lo que se cuenta, pero también a lo que permanece oculto. La aparición de un fantasma introduce lo sobrenatural en una trama que comienza como la búsqueda de una explicación.

Javier comparte aquel verano con sus primas, y su relación con Violeta ofrece otro recorrido dentro del misterio. Los libros y las conversaciones forman parte de lo que descubren el uno del otro. La novela une así la curiosidad por un secreto heredado con el aprendizaje de cómo acercarse a otras personas, en una edad en la que no siempre resulta fácil decir lo que se piensa.

La historia se presenta mediante el recuerdo de quien vivió aquellos acontecimientos. El miedo tiene su lugar, aunque el propio comienzo advierte que no se trata simplemente de una novela de terror. En esa combinación de enigma, memoria y adolescencia, lo desconocido puede encontrarse tanto en una aparición como en los silencios que una familia ha mantenido durante generaciones.