Aurora está a punto de casarse cuando interviene para salvar a un joven hombre lobo. En una guerra que enfrenta a los suyos con los lobos, ese acto de clemencia llama la atención de Callum, un alfa prisionero. Él escapa esa misma noche y secuestra a la princesa. El rey de los lobos arranca así con una decisión que Aurora toma por voluntad propia y un viaje al que, en cambio, se ve obligada.

Al norte de la frontera, Aurora encuentra tierras agrestes y clanes de lobos que empiezan a unirse después de haber estado enfrentados. Su cautiverio la sitúa en medio de un territorio que hasta entonces pertenecía al bando enemigo. Allí, conocer a quienes viven al otro lado introduce una grieta en la idea de que todos los lobos son iguales, sin hacer desaparecer la guerra que separa a unos de otros.

La cercanía entre Aurora y Callum da paso a una atracción prohibida, marcada por las circunstancias del secuestro y por la enemistad entre sus pueblos. Mientras ella revisa lo que creía saber de los lobos, él comprende que la princesa afronta un peligro mayor del que imaginaba. El vínculo se desarrolla, por tanto, sin dejar en suspenso las preguntas sobre la confianza y la seguridad de Aurora.

Lauren Palphreyman abre con esta novela una trilogía de fantasía romántica en la que el acercamiento entre enemigos convive con una antigua contienda entre humanos y hombres lobo. La promesa del romance no simplifica el dilema de Aurora: la posibilidad de regresar a casa pesa de otra manera cuando el lugar al que ha sido llevada altera su visión del conflicto. Entre el deber y el deseo, la historia deja abierta la cuestión de dónde querrá estar.