Un manifiesto suele leerse como una declaración de principios al servicio de un movimiento. En Manifiesto y vanguardia, Cristina Jarillot Rodal plantea otra posibilidad: que, además de su función programática, sea posible reconocer en estos textos un género literario con rasgos propios y valor estético.

Tres movimientos, una forma literaria

El estudio examina manifiestos del futurismo italiano, el dadaísmo y el surrealismo para identificar elementos comunes entre corrientes distintas. El futurismo ocupa un lugar destacado en este recorrido: con su irrupción, el manifiesto se convirtió en un medio privilegiado de comunicación entre artistas y público, y proliferaron las declaraciones programáticas.

De programa a creación

La propuesta cuestiona la idea de que los manifiestos sean textos dispares unidos únicamente por su propósito práctico. Su carácter experimental permite observar cómo el género puede apartarse de una función meramente programática y alcanzar autonomía artística, una perspectiva que sitúa la lectura en el cruce entre historia de las vanguardias y crítica literaria.