Un hospital en cuarentena, sospechas de corrupción y un departamento donde la verdad resulta difícil de encontrar: ese es el entorno desde el que se investiga en La sexta trampa. La aparición de cadáveres en distintos lugares, unidos por un patrón, lleva a la policía y al FBI a considerar que el Cuarto Mono continúa actuando con ayuda. El caso crece cuando las instituciones que deben resolverlo están atravesadas por su propia crisis.

J. D. Barker sitúa el cierre de la trilogía en ese doble frente. La investigación cambia de dirección después de la entrega voluntaria del principal sospechoso y de una historia inesperada que afecta a quienes participan en ella. La continuidad con los dos volúmenes anteriores forma parte de la propuesta: este desenlace vuelve sobre el asesino y sobre las personas que intentan detenerlo, sin reducir el conflicto a la búsqueda de un nuevo cadáver.