Sybil lleva nueve años esperando el día en que sus sueños vuelvan a pertenecerle. En El caballero y la polilla, de Rachel Gillig, ser clarividente significa recibir visiones de seis seres sobrenaturales, los Presagios, y poner ese don al servicio de quienes llegan a la gran catedral. El hogar que la acogió exige una década de su vida. Cuando el final de ese compromiso parece próximo, todo empieza a cambiar.

Hasta allí acuden poderosos y personas humildes para conocer las desgracias que les aguardan. Ese lugar de profecías también recibe a Rodrick, un caballero que no muestra respeto por las visiones ni por la autoridad de los dioses. Su presencia enfrenta a Sybil con alguien que cuestiona precisamente las reglas que han organizado su existencia.

La desaparición de otras clarividentes convierte esa oposición en una alianza necesaria. Sybil necesita encontrarlas, y Rodrick puede ayudarla a buscar las respuestas que los dioses guardan. La aventura reúne así una investigación y un conflicto de confianza: acercarse a ese caballero resulta tan incómodo como imprescindible, mientras el mundo que parecía darle certezas se vuelve peligroso.

La atracción entre los protagonistas forma parte de esa tensión, junto a la magia y al desafío a lo sagrado. Gillig sitúa su fantasía romántica en un reino de páramos y presagios, donde ver el porvenir no equivale a controlar lo que sucede. El comienzo de la historia deja una pregunta concreta: qué hará Sybil cuando tenga que buscar ayuda fuera del orden al que ha entregado tantos años.