Investigar una desaparición también puede significar regresar a una vida que se había dejado atrás. En La mala hija, de Pedro Martí, Alma Ortega abandona Madrid para ponerse al frente del caso de Belén Villalba, una adolescente desaparecida en Almansa. El regreso al pueblo natal coloca a la capitán de la UCO ante dos asuntos que avanzan juntos: localizar a Belén y volver a tratar con las personas de su pasado.

La teniente que ya lleva la investigación es su hermana mayor, con quien mantiene una relación de rivalidad. A esa colaboración difícil se suman Irene, amiga de Belén y hacker adolescente, y Diego, un periodista sin empleo interesado en el caso. La novela sitúa la tensión familiar dentro de la investigación, entre secretos y distintas posiciones de poder. La desaparición funciona como punto de encuentro de esos conflictos, sin anticipar quién los resolverá ni de qué forma.