En Romancero gitano, paisajes y tradiciones se cruzan con una mirada que también denuncia injusticias. Federico García Lorca articula esa propuesta en dieciocho romances, donde el mundo gitano forma parte de un universo poético cargado de símbolos.

La luna, el agua, el cuchillo y la sangre reaparecen junto a imágenes como el barco sobre el mar y el caballo en la montaña. Estos motivos enlazan el imaginario simbólico de la obra con sus paisajes y sostienen una lectura atenta a las resonancias de cada poema.