¿Qué queda de un pueblo cuando sus historias apenas sobreviven en la voz de quienes lo conocieron? En Las galletas, Elva comparte con su nieto los recuerdos de una vida en el norte de Canarias. Al narrar su pasado, no solo vuelve sobre su propia trayectoria: también hace presente a una comunidad y a los vínculos que la formaron. La conversación entre generaciones da a la novela su hilo narrativo y abre una ventana a un mundo rural de mediados del siglo XX.

En ese pasado conviven el afecto y la pérdida con experiencias más duras: la falta de alimento empuja a la familia a abandonar su lugar de origen, mientras el trabajo en las tomateras revela condiciones de explotación. También afloran naufragios, supersticiones y muertes violentas. La novela enlaza así la historia de Elva con una memoria social hecha de supervivencia, arraigo y ruptura, sin separar la intimidad familiar de las circunstancias que marcaron la vida de la comunidad.

La prosa adopta una cadencia cercana al relato hablado y emplea rasgos del habla canaria; la narración se organiza en escenas breves, más que en un desarrollo continuo. Ese enfoque da relieve a la oralidad y a la manera en que los recuerdos se transmiten en familia. Óscar Liam combina ese registro con el neocostumbrismo y el realismo emocional para acercarse a un entorno rural cuya historia colectiva corre el riesgo de quedar fuera del recuerdo común.