El pequeño erizo Pepincho quiere encontrar amigos para jugar, pero en el camino hacia el bosque se cruza con un zorro aficionado a la costura, una perra presumida y un conejo insistente. Sus encuentros abren la pregunta de si también querrán jugar con él, sin adelantar cómo se resuelven. (7136)

En el centro del cuento está el aprendizaje de los límites: decir que no puede resultar difícil, y la historia pone la asertividad al alcance de los lectores más pequeños mediante la búsqueda de amistad de Pepincho. Eva Clemente firma tanto el texto como las ilustraciones. (7137, 7105)

Esta edición revisada recupera la historia publicada anteriormente como Si yo tuviera una púa. Un relato breve para compartir con niños y niñas, que enlaza la búsqueda de compañía con la posibilidad de expresar lo que uno acepta y lo que no. (7136)