En Murdoku, las pistas no se limitan a declaraciones: también pueden estar en un mueble, una habitación o un animal del escenario. El lector completa una cuadrícula colocando a los sospechosos de acuerdo con la regla de un personaje por fila y columna. Encontrar al asesino exige observar y deducir.

Los ochenta casos de Manuel Garand utilizan ambientes tan distintos como un casino, una granja o una ópera. Las escenas se presentan en color y la dificultad crece a lo largo del libro. La propuesta combina la lógica del sudoku con situaciones detectivescas.