La Guerra Civil llega a La península de las casas vacías como una descomposición familiar y colectiva: los miembros anónimos de un clan de olivareros de Jándula cruzan sus destinos con los de figuras históricas y culturales como Lorca, Unamuno, Zambrano y Hemingway. David Uclés construye así un relato que abarca tanto una familia como un territorio en crisis.

Lo fantástico irrumpe en escenas ligadas a la violencia de la guerra: un soldado intenta expulsar la ceniza de su cuerpo y un maestro enseña a sus alumnos a hacerse los muertos. La novela enlaza esas imágenes extraordinarias con la crudeza histórica, en un tejido donde conviven lo épico y lo costumbrista, lo grotesco y lo poético.