Rina conoce a los vampiros a través de las llamadas que atiende en una central de asistencia. Ese contacto cambia cuando Velkan la incorpora a la búsqueda de una posesión que le han robado. En Saciar a la bestia, el trabajo nocturno se convierte en la entrada a un peligro mucho más cercano.

Para Rina, esas criaturas están ligadas a la pérdida de su madre, pero también a una atracción que la incomoda. Velkan encarna ambas cosas mientras la utiliza para localizar a los ladrones. El romance paranormal enfrenta a una humana con un vampiro y con su propia ambivalencia: el rechazo al monstruo no elimina la posibilidad de desearlo.