Sophie Drear llega a la costa de Maine para pasar el verano trabajando en los jardines históricos de Lilymoor House. Allí se encariña con la finca, sus flores y su laberinto de setos, además de con el peculiar personal y la enigmática propietaria. Pero una puerta que nunca aparece dos veces en el mismo sitio la conduce a un jardín secreto e inacabado, donde hay un hombre atrapado.

Una finca con un futuro incierto

El jardín oculto no es el único problema de Lilymoor: las plantas se resisten a los cuidados de Sophie y las enredaderas amenazan el laberinto. La dueña de la mansión también debe decidir quién se hará cargo del lugar cuando se jubile; entre las posibilidades está su sobrino, que pasa allí el verano y resulta ser inoportunamente atractivo. Sophie empieza a preocuparse por los habitantes de la casa tanto como por sus terrenos, mientras intenta averiguar qué necesita la finca para volver a florecer.