En Los girasoles ciegos, la posguerra se cuenta desde el silencio: cuatro relatos entrelazados recuperan vidas y ausencias, y hacen de la derrota el hilo que los reúne. Alberto Méndez los construye con voces narrativas distintas, sin reducir sus historias a una sola experiencia.

Entre esas vidas hay un capitán que renuncia a ganar la guerra el día de la Victoria; un niño poeta que huye con su compañera embarazada; un preso de Porlier que se niega a vivir en la impostura, y un diácono que encubre su lascivia tras un discurso religioso y fascista. El conjunto pone en primer plano la memoria de la posguerra y sus muertos, sin borrar las diferencias entre las historias.