Nana y Corvo habían construido una amistad alrededor de gustos compartidos: películas, música, manga y videojuegos. Pero Corvo empieza a desaparecer durante horas y se enfada cuando Nana le pregunta qué ocurre. Esa distancia pone en primer plano la fractura de una amistad que hasta entonces parecía inseparable.

El cambio coincide con la entrada de Corvo en las apuestas: lo que había empezado como diversión adquiere un cariz inquietante y lo conduce hacia problemas de los que parece difícil salir. La novela de Ledicia Costas sigue esa deriva sin apartarse del desconcierto de Nana y de quienes, en su grupo, no entienden qué le sucede a su amigo.