Millie ha pasado de limpiar casas ajenas a construir un hogar para su familia: una calle apacible y un jardín para sus hijos parecen ofrecer la estabilidad que buscaban. Sin embargo, el recelo hacia una vecina y la inquietante mirada de su doncella vuelven frágil la sensación de seguridad.

En esta tercera entrega de La asistenta, la sospecha se extiende por el vecindario: Millie cree que alguien los observa y recibe una advertencia sobre sus vecinos. La amenaza exterior se cruza con los secretos que pensaba dejar atrás, y pone en cuestión si aquel barrio tranquilo es realmente un lugar seguro.