Las cartas pueden sostener una conversación durante años y, aun así, dejar algo sin decir. En The Correspondent, Sybil Van Antwerp, abogada distinguida, madre y abuela, escribe con regularidad a personas cercanas y también a autores cuyos libros le interesan. Hay, además, un destinatario al que dirige cartas que nunca envía: una correspondencia pendiente que acompaña su vida cotidiana.

El equilibrio cambia cuando llegan cartas de alguien de su pasado. Lo que recibe la lleva a volver sobre uno de los periodos más dolorosos de su vida y a considerar qué significa perdonar. La novela plantea ese conflicto sin separar la memoria de las relaciones: la historia de Sybil se va perfilando entre lo que escribe, lo que recibe y aquello que todavía no ha logrado decir.

La forma epistolar también abre espacio para la literatura como compañía: entre sus cartas, Sybil comenta lecturas de Joan Didion y Larry McMurtry, junto con asuntos de familia y de la vida diaria. El resultado es un relato atento a los vínculos que se construyen incluso a distancia y a cómo una vida puede quedar recogida, fragmento a fragmento, en palabras dirigidas a otros.