La sensación de no encajar persiste incluso cuando, desde fuera, la vida parece avanzar: en Nada es casualidad, el protagonista carga con una distancia entre quien siente que es y quien cree que debería ser. La búsqueda de identidad comienza en una infancia atravesada por las comparaciones y la necesidad de aprobación, y continúa pese a sus logros profesionales.

El recorrido se construye a través de relaciones que dejan huella, decisiones difíciles y momentos que alteran el rumbo sin aviso. Xavier Carol Fontcuberta plantea así una narración personal sobre crecer, equivocarse y reconstruirse, donde aquello que parecía un error forma parte del camino, sin convertir la historia en un relato de éxito.