Vita pasa los días en silencio, acompañada por Irina, empleada doméstica que aprendió italiano leyendo a Dante, y por Orietta, el nombre que ha dado a su depresión. La llegada de Kostya, nieto de Irina, irrumpe en esa rutina: tiene diez años y ha cruzado Europa huyendo de la guerra de Ucrania.

La presencia del niño pone a Vita e Irina ante sus propias historias. En el centro de la novela, la solidaridad aparece como una forma de resistir el dolor; el cuidado, los vínculos entre madres e hijos y los encuentros inesperados articulan una historia sobre aquello que puede sostener a las personas cuando lo impensable irrumpe.