Michel dispone de tres años para impedir que el mundo termine. En Finis mundi, Laura Gallego lleva la aventura a la Europa del año 997, donde un joven monje encuentra una profecía que anuncia la catástrofe para el cambio de milenio. Cuando su monasterio queda destruido, los pergaminos que ha rescatado dejan de ser una lectura y se convierten en el motivo de un viaje.

La búsqueda tiene un objetivo concreto: reunir los tres Ejes del Tiempo, objetos dispersos que permitirían invocar al Espíritu del Tiempo. Michel debe salir del lugar que conoce y recorrer territorios en los que cada demora cuenta. La amenaza del año 1000 convierte las distancias y los peligros del camino en parte de una misma urgencia, mientras otros buscan esos objetos por sus propios intereses.

No viaja solo. El juglar Mattius, acompañado por su perro Sirius, aporta una experiencia del mundo distinta de la del muchacho. Más adelante se incorpora Lucía, que desea convertirse en juglaresa. Sus encuentros hacen que la misión reúna personajes con aspiraciones y maneras de vivir diferentes; al mismo tiempo, la Cofradía de los Tres Ojos sigue sus pasos y disputa la búsqueda.

El punto de partida histórico convive con una fantasía de aventuras construida alrededor del viaje y de una cuenta atrás. Fue la primera novela que publicó Gallego y obtuvo el Premio El Barco de Vapor en 1999. La historia propone seguir a un protagonista que, después de perder su refugio, necesita encontrar aliados para enfrentarse a una amenaza mucho mayor que él.