El empleo de Brooke Sullivan como enfermera en una prisión de máxima seguridad viene acompañado de límites claros: debe tratar a los reclusos con respeto, mantener en reserva su información personal y evitar intimar con ellos. Pero uno de los internos no es un desconocido: Shane Nelson, su antiguo novio del instituto, cumple cadena perpetua por varios asesinatos.

El vínculo entre ambos guarda una pieza decisiva del pasado: fue el testimonio de Brooke lo que llevó a Shane a prisión. En El recluso, esa historia compartida convive con el trabajo que ella acaba de empezar, mientras él conoce la conexión que los une.