En Red Rising (2014), Pierce Brown convierte Marte en escenario de una jerarquía social codificada por colores: Darrow, un minero de la casta roja, busca infiltrarse entre los dorados que gobiernan. La transformación del protagonista y su lucha por la libertad impulsan una novela que combina ciencia ficción, fantasía y elementos de thriller.

De una trilogía a una saga

Brown concibió Red Rising como una trilogía. La historia continuó con Golden Son y Morning Star; después, Iron Gold abrió una segunda trilogía, ambientada diez años después de los acontecimientos de Morning Star. La edición recopilatoria de los tres primeros libros incluye además un fragmento extendido de Iron Gold.

Castas, lenguaje y poder

La división entre rojos y dorados organiza el conflicto de Red Rising, pero también hace del lenguaje una señal de pertenencia: Brown explicó que creó hablas y expresiones distintivas para las castas. Para el habla de los rojos tomó como referencia carteles asociados con la inmigración irlandesa en Nueva York durante la segunda mitad del siglo XIX y modificó algunas de sus expresiones. En su conversación con Goodreads también relacionó la jerarquía de colores con una idea de la República de Platón: una meritocracia que puede corromperse cuando el poder y la riqueza se transmiten entre generaciones.

Entre la ciencia ficción y la fantasía

Brown ha descrito Red Rising como una mezcla de ciencia ficción, fantasía e historia, y ha señalado que no buscaba escribir ciencia ficción estricta. En la entrevista con Goodreads mencionó Antígona y El conde de Montecristo entre los puntos de partida que le interesaron, junto con la mitología griega y romana. Esa combinación sitúa la aventura marciana en diálogo con relatos de rebelión, sacrificio y transformación.