La panza de burro nombra la capa de nubes bajas que cubre el norte de las islas Canarias. Bajo esa bruma, Andrea Abreu sitúa una amistad de infancia vivida desde posiciones distintas: una niña domina la relación y la otra la cuenta, todavía ligada a lo que sintió por ella. Panza de burro acerca esa dependencia afectiva al verano de un pueblo de montaña de Tenerife.

La abuela y el entorno forman parte de lo que observa la narradora. El afecto convive con la desigualdad entre las amigas, de modo que recordar aquella cercanía implica atender también a sus incomodidades. La infancia aparece como una experiencia concreta, con vínculos que no se dejan resumir en una imagen ideal del pasado.

La novela llegó a la colección de Barrett mediante la iniciativa Editora por un libro, con Sabina Urraca como editora y prologuista. Ese acompañamiento y la voz de la narradora ofrecen dos entradas a la obra: la presentación de un debut y una historia que encuentra su forma de mirar desde la relación entre las niñas.