A los diez años, Khoedi deja su casa en Casamence, al sur de Senegal, para vivir en Vigo, donde su padre lleva años emigrado. La ciudad nueva le resulta difícil: no conoce a nadie y todo le parece distinto, mientras sus pensamientos y afectos siguen ligados a África. La luna nocturna es el vínculo visible con el lugar que ha dejado y también marca el paso del tiempo.

Agustín Fernández Paz aborda la emigración y el desarraigo desde la voz de una niña que trata de entender un mundo desconocido. Khoedi, además, es una contadora de historias: su abuela le enseñó a inventarlas y narrarlas en voz alta. Marina Seoane ilustra el libro y representa los personajes y los paisajes de esos dos mundos.